No, la vulnerabilidad no es una incapacidad que hay que superar

La vulnerabilidad no es una incapacidad ni hay que superarla. Es un sentimiento importante, nuclear, y muy significativo que en terapia intentamos revalidar o revalorizar porque es una fortaleza y no una debilidad. Es, casi casi, un superpoder.

Ana vino a mi consulta porque su madre había muerto en un accidente. Catalina empezó su terapia porque sentía que no podía más en su trabajo. Alberto se decidió a venir a consulta después de ser padre por primera vez. Lucas estuvo en terapia durante dos años porque sus relaciones siempre salían mal. Ana, Catalina, Alberto y Lucas tenían en común la forma en que asumían lo que les hacía vulnerables: con vergüenza y miedo. Sentirse vulnerables les resultaba un asunto insoportable. 

¿Has pensado qué es para ti la vulnerabilidad?

Estos cuatro nombres son ficticios y sus historias también. Pero tengo pacientes que han pasado por todas estas situaciones y un centenar de ellas más. Pacientes que han venido a mi consulta con ataques de ansiedad incapacitantes. O tomando antidepresivos recetados por su médico de cabecera sin que ellos mismos supieran siquiera qué es la depresión. Tantos casos y diagnósticos como pacientes tengo. Pero muchas veces, de manera muy recurrente, con muchos de ellos, y aunque en sus viajes terapéuticos, como veis, hemos zarpado de lugares muy distintos, con objetivos diferentes, nos hemos topado con la vulnerabilidad como una piedra enorme que no nos dejaba avanzar. 

Pensando en esto surgió la idea de hacer este post. Pero antes de avanzar en todo lo que iba conectando en mi reflexión, me animé a preguntar en mi perfil de Instagram qué sugería la palabra vulnerabilidad. Esto me dijeron:

  • «Fragilidad»
  • «Cuidados»
  • «No tener medios de defensa»: algo que me hizo pensar en que la vulnerabilidad puede llegar a sentirse como algo que te ataca y para lo que se necesita estar armado, librarle una guerra
  • «Debilidad»
  • «Estar expuesto»… como sin piel

Como veis, casi todas las palabras usadas para definir la vulnerabilidad, hablan de un lugar que nos pone en alerta.

Así que retomando la historia con mis pacientes, me parece importante compartir que, para poder seguir adelante en su proceso terapéutico, han tenido que pasar siempre tres cosas: 

  • Entender la vulnerabilidad.
  • Aprender a relacionarse con ella.
  • Aprender a verla y a entenderla en los demás.

Entonces recordé lo mucho que me gustó -y emocionó- la charla TED The power of vulnerability de Brené Brown, investigadora y profesora de la Universidad de Texas. La vi hace muchísimo tiempo pero, quizás, está más vigente que nunca. Esta mujer es toda una autoridad en el tema ya que lleva dos décadas investigando, nada menos y nada más que, el coraje, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía.

La Dra. Brené Brown estudia el coraje, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía.

Alimentamos la vulnerabilidad

Pensé en esta charla porque, precisamente, he observado que la vulnerabilidad como lugar común en mis pacientes, se retroalimenta con pensamientos del tipo: “no estoy siendo lo suficientemente fuerte, no estoy dando la talla en mi trabajo, no estoy siendo buen padre, no valgo lo suficiente para que se enamoren de mí…”.  Y como lugar común que surge de una pregunta rápida para resolver con una palabra, en una red social, se asocia a algo que nos hace débiles o pequeños.

Luchamos contra la vulnerabilidad a toda costa. La silenciamos. La transformamos en otra cosa. Una de la que no se habla. Una mancha que hay que esconder. Y es un problema que se agrava porque al enmascarar nuestra vulnerabilidad, enmascaramos también otras emociones. Aprendemos a disfrazar todo lo que sentimos. Porque como bien lo explica Brené en la charla “no se puede insensibilizar lo malo sin anular la dicha, lo lindo, la gratitud, la felicidad…”

Abrazando la vulnerabilidad: el superpoder

Creo que es importante replantearse la relación con nuestra vulnerabilidad, reflexionar sobre ella desde otro ángulo, porque nos hace completos, es necesaria porque necesitamos esa cara B para nuestra cara A. Hay que entenderla, aceptarla, abrazarla y darle el valor que tiene.

Sin embargo, soy consciente de que esta no es una tarea fácil porque socialmente estamos programados para desactivar lo que nos hace vulnerables, ocultándolo. Por eso es un trabajo intenso y personal, único, para el que casi siempre se hace necesario el acompañamiento de un terapeuta. Cuantas más emociones relacionadas con ella ignoremos o rechacemos, como el miedo o la tristeza, más oportunidad tendrán estas emociones para dominarnos o bloquearnos. Entenderlo no es tan sencillo como encontrar una selección de «tips para desactivar la vulnerabilidad», no, porque de lo que se trata es de aprender a abrazarla, de dejarnos ver tal y como somos, de aprender a ver y a validar todas nuestras aristas ante nosotros mismos y ante los demás. De intentar dejar de controlarlo todo, porque hay cosas que no podemos controlar, que son inciertas y no dejarán de serlo. 

Abrazar nuestra vulnerabilidad es abrazar todo lo que ella conlleva en cada persona. Abrazar los miedos y las inseguridades, para entender y gestionar. Para identificar sus señales, no para hacer que desaparezcan. Porque cuanto más conectados estemos con todas nuestras emociones, más fuertes nos sentiremos. La gestión no es control o hacer que desaparezcan. Es identificar, validar, ver qué necesidad tengo yo en concreto, por qué está apareciendo ese sentimiento y qué necesito yo para modular las emociones que está generando y sentirme mejor con ellas y hacer que disminuyan. Y no me vale lo mismo que le vale a otros. Algunas veces puede coincidir, pero ese camino es muy personal.

Intentemos pues aceptar la vulnerabilidad como si fuera un logro, aceptar que para algunas cosas no somos ni seremos tan buenos ni lo haremos tan bien, pero para otras lo haremos ¡increíblemente bien, como nadie!  Pero piensa: si no podemos solos, siempre está la terapia.

«Para encajar de verdad, no hace falta que cambies quien eres, hace falta que seas quien eres«.

Brené Brown

Muy recomendable

Marta Veganzones

Soy psicóloga y estoy convencida de que todos debemos ocuparnos de cuidar nuestra mente para poder cuidar todo lo demás. Mi objetivo es ayudar a que mis pacientes se sientan mejor, recuperen la calma, ganen seguridad y confianza, y descubran el bienestar desde el autocuidado. Escribo mis reflexiones acerca del proceso terapéutico y cómo lo viven mis pacientes. Para poner mis ideas en orden cuento con Carolina González, paciente y redactora.

Comparte este artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio