Entre las listas de regalos, tendencias y deseos que van y vienen por estos días, se cuelan mensajes que parecen exigirnos disfrutar, a toda costa, de estas fechas.
El otro día leía un artículo muy interesante aquí sobre el nuevo ‘Mr. Wonderful’ de la maternidad con su consigna sobre disfrutar de ella bajo la amenaza de que el tiempo pasa muy rápido.
Os subrayo:
“Es imposible disfrutar de algo todo el rato: Pero ya no solo en la maternidad, sino en la vida, que a veces es disfrute, a veces es sufrir un poco, luego lo vuelves a pasar bien, y luego otra vez un poco triste… La maternidad es la relación más larga y profunda que vamos a establecer con nadie en nuestra vida. Si con nuestra pareja nos pasa que a veces la odiamos y la tiraríamos por la ventana, pues con nuestras criaturas también. Aceptar eso no nos hace malas madres ni hace que tengamos una maternidad menos gozosa y disfrutable. Al contrario: quizás una maternidad gozosa y disfrutable es aquella en la que se acepta que los momentos de inquietud, duda o sufrimiento también existen”. -Paola Roig, psicóloga perinatal y divulgadora sobre maternidad-
Lo subrayo porque no puedo estar más de acuerdo, y poco puedo añadir sobre este tema relacionado con la maternidad. Pero quiero aprovecharlo para insistir hoy, de cara a las fiestas (y a nuestra salud mental), que es imposible disfrutar todo el rato.

Ese tipo de consignas, que normalmente vienen acompañadas de relatos fantásticos y de fotos envidiables, ejercen muchísima presión y no nos ayudan a trabajar la consciencia, el estar presentes y cuidarnos, tan indispensables para nuestro bienestar emocional.
Aceptar para disfrutar
Aceptar para disfrutar, sí. Validar que, el estar viviendo situaciones que nos suponen más estrés, o más miedo, o más preocupaciones, o más inseguridad, no es compatible con llevar un traje de luces. Pero el sólo hecho de aceptarlo y validarlo nos ayudará a estar presentes y a no convertirnos en otra cosa.
Así que mi pequeña recomendación navideña es que hagamos nuestra lista de deseos con un único epígrafe: no exigirme disfrutar a toda costa (y si te empeñas en hacerla, no dejes de incluirlo en primer lugar 😉
Porque es fácil dejarnos llevar y caer en esta autoexigencia con semejante presión ante el disfrute. Pero con pequeños gestos como este (repitamos: no exigirme disfrutar a toda costa), abonamos el trabajo tan intenso que supone entendernos un poco más, ser consecuentes con nosotros mismos y con nuestras circunstancias, practicar la autocompasión y el autocuidado. Y lo mejor es que se sentirá parecido a abrazarnos a nosotros mismos, los primeros.
De paso, iremos soltando la idealización de momentos que, a veces y casi siempre sin querer, nos imponemos… (una última vez: no exigirme disfrutar a toda costa)
¡Felices fiestas!
