Me gusta creer que las personas no “deben” ir a terapia, sino que tienen derecho: cuando algo se les hace bola, cuando una situación les desborda o cuando sienten que no pueden manejarla. Más que un deber, es un derecho que tenemos todos y una oportunidad que debemos darnos.
Pero aún hay tabú, como un velo que no deja ver con nitidez lo que realmente pasa en terapia, y hay también ciertas visiones, cosas que no ocurrirán, aunque vayas.
A propósito del mes de la salud mental, he recopilado algunas de esas ideas que me sigo encontrando a menudo.

Si consideras ir a terapia, no es cierto que…
- Estés loco o loca.
- Eres débil.
- Hay que ir cada que no estoy bien: la vida cotidiana tiene sus baches, es normal que haya cosas que no marchen bien.
- Es suficiente conversar con mis amigos: terapia no es solo hablar, supone querer mirarte en un espejo y conocerte mejor.
- Al pasado hay que dejarlo atrás.
- Le echaremos la culpa de todo a tu madre o a tu padre.
- Es un asunto femenino.
- …
Tampoco es magia. Esto no ocurrirá, aunque vayas a terapia.
- Lo descubriré todo sobre mí.
- Me devolverá la calma.
- Me verán más cool, más evolucionado como persona.
- Todo se resolverá, arreglaré todos mis problemas.
- Seré feliz, por fin.
- Me dirán lo que tengo que hacer.
- Cambiaré mi vida de una buena vez.
- …
Así que, si estás pensando en ir a terapia o quieres sugerirlo a alguien, recuerda:
- No es un proceso fácil ni placentero, por eso tienes derecho a ponértelo fácil y a recorrer acompañado el camino hacia tu autocuidado y bienestar.
- Aunque vayas a terapia, tendrás que solucionar las cosas por ti mismo, porque en consulta, los psicólogos no tenemos fórmulas mágicas. Ir a terapia supone poner en marcha cambios en tu vida, y supone hacerlo fuera de consulta.
- Ir a terapia requiere honestidad. Primero contigo mismo y después con tu psicóloga.
- Es importante encontrar un lugar seguro donde poder abordar con otra perspectiva lo que te ocurre, para ir haciéndote con las herramientas propias para poder afrontar la situación que estés viviendo. Es un proceso largo, con altibajos, pero único. Y tendrá su recompensa.
Sé que ir a terapia puede verse así, como una moneda con dos caras. Porque a veces es el tabú lo que frena tomar la decisión, pero muchas otras veces, es el exceso de expectativas lo que no ayuda durante el proceso.
Pero entonces, ¿cuándo ir a terapia?
Una respuesta sencilla podría ser:
- Cuando has probado todo para sentirte mejor y nada te funciona.
- Cuando físicamente estás teniendo consecuencias.
- Cuando te sientes perdido un día y otro también.
- Cuando te has quedado sin la información que necesitas para comprender lo que te ocurre a ti y solo a ti.
- Porque la salud mental debería ser un asunto de prevención y autocuidado, no es igual a tener un problema o estar en enfermo.
- …
En definitiva, creo que el momento llega cuando hay algo en tu interior que te dice que no estás bien. Es una lucecita roja que se enciende.
Cada uno tiene su señal, así que te invito a que estés atento, y si aparece, la escuches.
