A tres semanas del regreso, las vacaciones parecen un asunto del pasado.
Ya no nos preguntamos al reencontrarnos con alguien qué tal han ido las vacaciones. Ahora parece que todos corremos de prisa por cerrar el año. Y por cumplir los propósitos que nos marcamos al volver.

Septiembre: ¿nuevos propósitos?
De manera bastante habitual funciona así:
Hay cierta tendencia a que se extiendan estas premisas sociales, que son más o menos las mismas que sostienen que en vacaciones hay que pasárselo bien.
En septiembre, muchos tenemos la tentación de marcarnos nuevos propósitos, en algunos casos, más que en año nuevo. Otros sienten que no han podido recargar suficientemente sus baterías, o que quizás sí, pero ya se han vuelto a agotar (ya sabéis, existe un síndrome con nombre propio, el postvacacional). En septiembre la agenda se colapsa entre los planes sociales relacionados con los reencuentros, la vuelta al cole, los nuevos propósitos, las nuevas temporadas, los nuevos inicios: sí, vuelve la sensación de no llegar a todo.
“Pues mira, mal”. Si fuéramos sinceros, esta sería la respuesta estándar a la pregunta más formulada estos días en las oficinas de media España. Estamos mal, quizá porque ayer estábamos muy bien. Hemos cambiado la novela de misterio por cientos de mails sin leer, la paella por el táper, y la sillita de playa por la silla ergonómica de la oficina. Volvemos con buen color y mala cara. Morenos pero quemados.
Tomado de No, las vacaciones no solucionan el problema del ‘burnout’. “A las dos semanas estamos igual” Artículo de Enrique Alpañés en el El País
Como psicóloga, al igual que creo que las vacaciones no son el estado feliz y lleno de sol y playa que se promueve o se busca (lo reflexionamos en mi post anterior aquí), el regreso tampoco tiene que ser de una única manera o con una fórmula ganadora. Porque adaptarse nuevamente a la rutina supone en sí mismo un gran reto. Y añadir nuevas rutinas o nuevas actividades significa, casi siempre, esfuerzo y tiempo adicional
Entonces, dicen por ahí que «septiembre es un buen mes para empezar terapia psicológica«… Mmm, pues me parece que esa es otra premisa social.
Al final, todo depende de la historia y del momento de cada quien. Sin embargo, a todos nos vale una misma recomendación: lo mejor que podemos hacer en septiembre es conectar con nosotros mismos. Y apuntarnos a las 3 P: Planificar, Priorizar y Pedir ayuda
Y no olvidar que siempre es buen momento para procurarnos bienestar y cuidado (y sol por supuesto, sobre todo en invierno).

En resumen…
Volver para CONECTAR. Será septiembre, octubre, noviembre o diciembre. Será el mes en el que estamos y en los venideros. Hay que intentar que cada mes, cada día, sea a medida (nuestra medida). Y si persiste la idea de marcarnos un propósito, que este sea hacer lo posible por navegar hacia nuestro propio cuidado y bienestar.
