Todos los veranos, para más personas de las que creemos, hay situaciones que no implican pensar en el bañador y la crema protectora. Las psicólogas y psicólogos lo sabemos bien.
Llega agosto, el mes preferido del verano, los calendarios tienen días marcados para las vacaciones. Allí fuera parece que hay una premisa universal: es tiempo de suspender las obligaciones, hay que descansar el cuerpo y, por supuesto, descansar la mente.
Un mandato social
La palabra verano arroja titulares: Diez cosas que no te puedes perder este verano; comentarios: verano es sol y relax; conversaciones: bañadores tropicales y sombreros de yute; imágenes: playas extensas con pies morenos; y hashtagas: #veranonotevayas, #modaverano.
Bajo todo este contenido hay una especie de mandato: no solo es cuestión de descansar, hay que pasárselo bien.
Pero todos los veranos, para más personas de las que creemos, hay situaciones que no implican pensar en el bañador y la crema protectora. Las psicólogas y psicólogos lo sabemos bien.

Verano para…
Hace poco, en una reunión con amigas, me preguntaban qué recomendación general le daría a mis pacientes si los tuviera a todos reunidos en una sala, listos para irse de vacaciones.
–¿Una recomendación para todos? Pues no. Cada uno necesita una recomendación a medida.
Ellas insistieron:
–Una única recomendación, una que valga para todos.
–… Aceptar el verano que nos toque pasar, pensé.
Si estás acompañando a alguien en la mitad de un duelo, será el verano para acompañar.
Si estás de mundanza, será el verano de las cajas.
En familia, en pareja, con amigas, en el pueblo o viajando por el mundo solo o con desconocidos, será el verano familiar, o el de siempre o el de la aventura.
Será el verano de volver, si regresas a casa porque has tenido que emigrar.
El verano de la espera, si estás en un proceso de fecundación in vitro o en paro buscando trabajo o estudiando.
El verano de la tristeza si estás lejos de tu hijo porque te has separado. O porque estás cuidando de tu vecino mayor, de un amigo con cáncer o de un hermano con problemas de salud mental. O tras una ruptura. O viviendo los últimos días con tu perrito enfermo.
–Aceptar el verano, me dije, y si el verano se presenta triste, llorar.
Parece contradictorio, porque en agosto, en verano, la tendencia es creer que todo debería ser instagrameable, pero para muchas realidades que andan sueltas por ahí no será posible tener las vacaciones ideales de influencer.
Así que por fin les dije a mis amigas:
–Espacio, silencio, desconexión digital e ir despacio. Para conectar con nosotros mismos y poder detectar qué es lo que necesitamos para cuidarnos este verano.
Y una de ellas respondió al aire:
–Querida tristeza: yo contigo voy a veranear.
Mis recomendaciones veraniegas
- Un libro: Bonjour tristesse, de Françoise Sagan. Un clásico de la literatura «de verano». Aquí la ficha del libro. Aquí un artículo interesante.
- Una canción: Fantastic Shine de Love of Lesbian muy anuncio de verano, pero con una letra que me emociona mucho, ni muy arriba ni muy abajo. Aquí en Spotify.
