Los ojos son los mismos: los nuestros; pero si nos atrevemos a renovar nuestra mirada, si nos animamos, si simplemente lo intentamos, nos daremos cuenta de que incluso en lo que hemos visto siempre, hay un universo por descubrir.

Viajar no siempre significa descubrir. O, al menos, parece ser así cuando viajamos siempre al mismo destino. Pasa con frecuencia que si vamos una y otra vez al mismo sitio terminamos viendo lo mismo, siempre lo mismo. Incluso, en algunas ocasiones, nos hartamos. Pero hay algo que puede cambiar esa dinámica: la curiosidad.
O, dicho de otra manera, resetear la mirada. Porque quizás la clave para descubrir algo nuevo en el mismo sitio sea alterar el recorrido que tenemos aprendido e intentar mirar con otros ojos.
Os cuento esto a propósito de las vacaciones de semana santa y porque en ello pensaba cuando volvía de Jávea, después de tomarme unos días de descanso. Ocurrió cuando mi chico y yo nos detuvimos en Guadalest, un pueblecito cercano al que él, que lleva veraneando en Jávea toda la vida, no conocía.
Nuevos ojos también para nosotros mismos
Esto que pasa con los destinos de viaje, también pasa en terapia y pasa de muchas maneras. Lo explico: hace unos días, una paciente con la que hablábamos de la imagen que se había construido sobre ella misma, me decía que esa imagen tan, al parecer, inamovible, de repente y gracias a la terapia, estaba siendo revisada, porque estaba redescubriendo ciertas cosas de ella misma. Y esto sólo ha podido ocurrir porque ella se permitió mirarse a sí misma con otros ojos. En resumen: parece que te conoces y, de repente, te encuentras descubriendo nuevas cosas sobre ti.

Este es un aprendizaje que ocurre con frecuencia en mi consulta de psicología. Es un aprendizaje que sigue resultándome muy interesante, muy renovador y muy sanador. Pero cuesta mucho trabajo que los pacientes consigan ponerlo en práctica, porque no siempre es fácil elevar la mirada (cambiar la óptica, cambiar el ángulo) o alterar el recorrido que has hecho toda tu vida para digerir una situación o para analizar una experiencia o para reaccionar ante un acontecimiento. Esa “nueva mirada” en realidad nos habla de la atención plena, de volver a mirar como miran los niños, ávidos de curiosidad.
Porque es frecuente que pasemos una y otra vez por los mismos dolores, los mismos enfados, las mismas discusiones y las mismas reacciones. Pero cuando elevamos la mirada, cuando cambiamos el punto focal, quizás podamos sorprendernos al encontrar nuevas formas posibles, bien sea porque revisamos lo que ocurre desde otro lugar o, sencillamente, porque obtenemos más información que nos ayuda a considerar lo que ocurre -o lo que sentimos- con una nueva perspectiva.
Entones me acordé de un libro precioso que me recomendó otra paciente: Viajes por mi jardín de Nicolas Jolivot. Un libro en el que el autor relata, e ilustra, lo que le ocurrió explorando su propio jardín. El autor nos cuenta que, cansado de viajar por el mundo, de vivir y trabajar en lugares tan vibrantes como Asia o África, decidió pasar dos años en aquel jardín familiar. Su descubrimiento es increíblemente sorprendente, no sólo por la belleza de sus ilustraciones, sino porque desmonta la ilusión de que hay que viajar muy lejos para encontrarse con lo extraordinario. Lo cuenta así, él mismo, en la introducción del libro:
“Entre el paso de los años y mi naturaleza despistada, había terminado por no prestar atención a mi entorno más inmediato. Y quería ponerle remedio. Aquel mes de marzo, empecé a ocuparme del jardín, motivado con la idea de inventariar su contenido. Al cabo de un mes de prospección, me di cuenta de que el movimiento perpetuo de la naturaleza y la infinidad de lo diminuto hacían de mi empeño una empresa quimérica. Comprendí entonces que, para un observador atento, mi jardín de trescientos metros cuadrados es tan vasto como China«.

En resumen…
Darle la oportunidad a nuestros ojos de moverse, de salirse de lo que ya conoce, de activar la curiosidad, no sólo para mirar lo que ocurre fuera sino lo que nos pasa por dentro, puede ayudarnos a expandir nuestra esencia y, por lo tanto, puede ayudarnos a sentirnos mejor, y a cambiar, para bien y de una manera sencilla, nuestra relación con el mundo.
Ver más
- El cuadro Automat de Edward Hopper es una obra que siempre me hace pensar en esos momentos de contemplación interna que nos dedicamos. Es curioso porque en 1995 la revista Time usó la imagen como portada para su especial sobre el estrés y la depresión en el siglo XX: Aquí si queréis saber más.
- El libro Viajes por mi jardín de Nicolas Jolivot es una auténtica invitación a contemplar con detenimiento lo que nos rodea. En este artículo lo cuentan bien.
- Si de todo esto únicamente te quedan las ganas de ir a Guadalest, aquí algo de información.
